Por qué usamos cera de soja
La cera decide cómo huele una vela, cuánto dura y qué deja en el aire de tu casa. Te contamos por qué elegimos la nuestra.
Escrito por Claudia & Ana
Cuando empezamos a probar ceras en la cocina, pensábamos que todas eran más o menos lo mismo. Que la diferencia estaba en el aroma. Tardamos poco en descubrir que no: la cera decide casi todo.
Decide cuánto dura la vela, cómo se funde, con qué fuerza sale el aroma y —esto es lo importante— qué queda flotando en el aire de tu salón durante las horas siguientes.
La diferencia con la parafina
La parafina es la cera más común y la más barata. Es un derivado del petróleo, lo que sobra cuando se refina. Arde bien y sale muy económica, por eso la lleva la mayoría de las velas de supermercado.
Nosotras trabajamos con cera de soja y de coco, las dos de origen vegetal. La diferencia se nota en tres cosas:
- Arde más limpio. Menos hollín, menos ese humo negro que ennegrece el borde del vaso.
- Dura más. La cera vegetal se funde a menor temperatura, así que se consume más despacio. Una de nuestras velas da entre 40 y 50 horas.
- El aroma sale mejor. No compite con el olor de la propia cera, que es prácticamente neutro.
Lo de «arde limpio» no es un eslogan
Una vela encendida es, literalmente, algo que se está quemando dentro de casa. Nos parecía importante saber exactamente qué estábamos quemando.
Si algo va a estar dos horas perfumando la habitación donde duermen tus hijos, merece la pena saber de qué está hecho.
Por eso, además de la cera, cuidamos la mecha: usamos mechas de algodón, sin núcleo metálico. Y los aromas son de grado cosmético, los mismos que se usan en perfumería.
Qué significa «pequeñas tandas»
Hacemos entre veinte y treinta velas cada vez. No más.
No es una decisión de marketing: es que las vertimos a mano, una a una, y cada tanda necesita reposar unos días antes de salir del taller. Si hiciéramos doscientas de golpe, tendríamos que cambiar la forma de trabajar, y probablemente la cera.
Es más lento. También es la razón de que cada vela salga como queremos.
Y entonces, ¿por qué son más caras?
Porque la cera vegetal cuesta unas tres veces más que la parafina, porque el aroma de calidad se paga, y porque detrás de cada vela hay un rato de trabajo de alguien y no de una máquina.
No intentamos competir con la vela de tres euros. Hacemos otra cosa: una vela que puedes tener encendida toda la tarde sin que te moleste, que huele igual de bien al final que al principio, y que sabes de dónde viene.
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